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El sueño de la linterna mágica de San Juan Bosco con la que los jóvenes serían hipnotizados



El 1 de mayo de 1865, San Juan Bosco (Don Bosco) narró a los jóvenes del Oratorio de Valdocco, en Turín, un sueño breve pero penetrante. Está recogido en las Memorie Biografiche di San Giovanni Bosco (Memorias Biográficas), recopiladas por el salesiano Giovanni Battista Lemoyne, en el volumen VIII (edición española en página 110). Este relato forma parte de los numerosos sueños que el santo utilizó como instrumento pedagógico para orientar espiritualmente a los muchachos a su cargo.

En el sueño, Don Bosco se veía en una iglesia repleta de jóvenes. Sin embargo, muy pocos se acercaban a comulgar. Junto al comulgatorio había un hombre “largo, largo, negro, negro”, con dos cuernos que le asomaban por la cabeza. En la mano sostenía una linterna mágica —un aparato de proyección de imágenes popular en el siglo XIX— y con ella mostraba a cada joven algo distinto, personalizado según sus intereses:

- A uno, el patio lleno de juegos y su diversión favorita.

- A otro, partidos pasados, derrotas y la esperanza de victorias futuras.

- A otros, el pueblo natal, excursiones, campos y la casa familiar.

- A algunos, el estudio, los libros y los trabajos pendientes.

- A otros, frutas, dulces y el vino guardado en el baúl.

- Y a varios más, parientes, amigos, escenas pecaminosas o el dinero no entregado.

Absortos en esas imágenes, la mayoría de los jóvenes no avanzaba hacia la Comunión. Algunos, al ver las vacaciones o a antiguos compañeros de diversión, abandonaban todo para quedarse contemplando.

Don Bosco explicó inmediatamente el significado a sus muchachos: “Quiere decir que el demonio hace todo lo posible para distraer a los jóvenes en la iglesia y alejarlos de los santos sacramentos. Y los jóvenes son tan bobos que se quedan mirando”. Su exhortación fue clara: hay que “romper esta linterna al diablo”. ¿Cómo? “Dando una mirada a la cruz y pensando que dejar la comunión es lo mismo que echarse en brazos del demonio”.

Este sueño se diferencia de otro de 1861, también vinculado a un aparato proyectivo, en el que Don Bosco vio el estado espiritual presente y futuro de sus alumnos. El de 1865 se centra específicamente en la distracción durante el acto litúrgico y la recepción de los sacramentos.

En el contexto de la época, la linterna mágica era una tecnología de entretenimiento visual que fascinaba al público. Don Bosco la utilizó como metáfora del poder de las imágenes para capturar la atención de forma individualizada y apartar del bien. Su mensaje educativo salesiano insistía siempre en la vigilancia de las distracciones, la importancia de la Eucaristía y la necesidad de orientar la mirada hacia lo esencial.

En los últimos años, este relato ha circulado ampliamente en entornos católicos, especialmente en redes sociales, por el paralelismo que muchos observan con las pantallas modernas: teléfonos inteligentes, algoritmos que muestran a cada persona lo que más le atrae, notificaciones, contenidos de entretenimiento, nostalgia, deseos y, a veces, material problemático. El mecanismo que describe el sueño —una fuente de imágenes personalizadas que mantiene la mirada alejada del altar— resulta llamativamente contemporáneo, aunque Don Bosco no habló de dispositivos electrónicos. La interpretación actual suele subrayar que el problema no es la tecnología en sí, sino cuando esta ocupa el lugar de Dios o impide la participación plena en la vida sacramental.

El sueño de la linterna mágica permanece como una advertencia clásica de San Juan Bosco sobre la lucha espiritual de los jóvenes: el enemigo no siempre ataca de frente, sino que a menudo distrae con lo atractivo, lo familiar o lo placentero. Su remedio sigue siendo el mismo que propuso en 1865: levantar la mirada a la Cruz y no alejarse de la Comunión.



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