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La dictadura de los imberbes

Hablo muchas veces aquí de lo políticamente correcto e incorrecto, de lo que a la gente le gusta oír y no y de lo que la gente malinterpreta conscientemente con objeto de hacer daño a quien realiza una afirmación en público, digamos que arriesgada. Hace unos días el señor Leguina afirmó en un debate televisivo lo siguiente: "el 90% de las mujeres jóvenes se casan con un viejo por dinero". A esta afirmación, que todos oímos mil veces por la calle, quizás le falto una puntualización, incluir en esa afirmación a los hombres: el 90% de hombres y mujeres que se casan con viejos lo hacen por dinero. Pero esto, de lo que cualquier persona normal es consciente y a nadie tiene por qué sorprender ni asustar, porque es una realidad, en manos de un manipulador, de un populista y de un demagogo es un arma perfecta para utilizarla contra el oponente. En ese debate estaba Beatriz Talegón, la reina de la demagogia y el populismo de las Juventudes Socialista y, para qué queremos más. Ya encontró un arma la señora Talegón para poner verde al señor Leguina.

No me voy a centrar en ese debate, porque darle mucha cancha a Talegón es absurdo, cada vez que abre la boca sube el pan porque no sabe ni lo que dice. Me voy a centrar en las formas y el respeto en los que una treintañera habla a una persona que le dobla en edad y que, como es obvio, le da mil vueltas en su experiencia vital. Publicó horas después la señora Talegón este twit en su cuenta de Twitter:

Esta actitud chulesca y de perdonavidas puede ser normal en un adolescente de 14 o 15 años, pero la señora Talegón ya es muy mayorcita para ir perdonando vidas por ahí de gente con la que no está de acuerdo. Pero esta actitud, aunque no normal, es muy habitual últimamente. Vivimos en una época en la que las adolescencias duran más de la cuenta y nos encontramos con gente, que teniendo más de 30 años, parece que vive en una adolescencia prácticamente infinita. Curioso que yo tuviera una experiencia similar esta misma noche en la que un universitario, entre otras lindezas, me llamó niñato, gilipollas y me dijo que no tenía ni idea de lo que hablaba, que a ver si aprendía. Y después de todo eso pretenden mantener un debate serio contigo, debate que consiste en que tú no puedas expresar tus ideas y ellos te estén dando a ti lecciones de lo que es la vida, que osados.

Lo primero que tienen que hacer estos dictadorzuelos, a veces imberbes y otras no tanto, es a respetar las ideas de los demás. Por incongruentes y absurdas que les parezcan merecen, como mínimo, el mismo respeto que ellos esperan hacia ellos. Respeto que no sólo esperan, respeto que para ellos exigen con unas formas casi castristas. Hay cosas que no se enseñan en las universidades y de las que alguien más mayor que ellos si les pueden dar lecciones y, por lo que se ve, una de ellas es el respeto y la educación. 

Había veces que nuestros padres, cuando íbamos a cometer un error, no decían nada esperando que el castañazo nos hiciera aprender, ¡y vaya si aprendíamos! Pero yo creo que a estos ni el castañazo les hará aprender, ya encontrarán a alguien a quien echarle la culpa.




4 comentarios:

  1. Como siempre, muy acertado. Gracias.:))

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  2. Como siempre muy acertado. Muchas gracias. Saludos.:))

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  3. No siempre tiene el mismo valor la opinión de uno y del otro. Cuando se habla de política se habla del bien común, de como alcanzar el bien común más rápidamente y de forma más justa. En muchos debates de bar o de Tv se expresan más bien los intereses personales y no los colectivos. No merece el mismo respeto una opinión egoísta que una opinión generosa.

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